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El obispo, Monseñor Hugo Nicolás Barbaro, acompañó la procesión y presidió la Santa Misa. Concelebraron el obispo emérito, José Lorenzo Sartori, y varios sacerdotes. Además participaron autoridades civiles, fuerzas de seguridad y autoridades educativas.

En la homilía, el obispo, reflexionó sobre la importancia de ayudar al que necesita: “Tenemos un solo corazón para amar; con el mismo corazón que amamos a Dios también amamos a los demás. Si nuestra actitud hacia el prójimo evidenciara egoísmo, ¿cómo podemos afirmar que nuestra disposición hacia Dios es generosa y entregada? Podremos tener una actitud cordial con Dios, de no rechazo, o de un simple cumplir algunas exigencias cristianas.  Pero un corazón cerrado por el egoísmo no es capaz de amar ni a Dios ni a los demás: ambos amores van juntos porque salen del mismo corazón”.

Siguiendo el texto bíblico de Isaías, el obispo resaltó: “El Profeta dice de modo muy gráfico qué es lo que espera Dios, lo acabamos de oír: romper las cadenas de la iniquidad (el diccionario traduce esta palabra por maldad, injusticia grande); liberar a oprimidos (hay distintos modos de oprimir, de esclavizar, de hacer sufrir a alguien que de algún modo depende de nosotros);  compartir pan con los hambrientos, vestir al desnudo, saciar al alma afligida (cuánta gente afligida nos encontramos, nuestro interés, una palabra con amor, ya es un gran consuelo). Invita Dios a través de Isaías a apartar la maledicencia (o sea el hablar mal del otro y lastimarlo en su fama), y a no esconderse de quien es carne propia; uno se esconde cuando no se quiere complicar”.

“Quería resaltar estas afirmaciones. Dios nos dice por boca de Isaías que de nuestra entrega a los demás depende que nos conceda todo lo bueno que necesitamos en esta vida y para alcanzar la salvación eterna. Y dice claramente que si somos generosos con el prójimo, al pedir algo a Dios escucharemos su respuesta: acá estoy, camino a tu lado, te guío”.

“Tenemos mucha necesidad de la ayuda de Dios. El Señor quiere dar con creces todo lo que más nos conviene, pero nos esté pidiendo que examinemos primero nuestra conciencia para ver si nuestra generosidad con el prójimo nos hace acreedores de tantos bienes. Te invito a mirar tu actitud con la propia familia: ¿estás primero vos o están primero los demás? ¿Sabés descubrir las necesidades y darte sin pensar en vos mismo o en vos misma, o vivís pensando en tus derechos? ¿Buscás tu felicidad en la felicidad de los demás, en darte a ellos, o en gustos o caprichos personales?”.

Para finalizar, Monseñor Barbaro destacó como el Santo Patrono vivió siempre atendiendo a los más necesitados: “San Roque era muy sensible a las necesidades de los demás. Dejó su buen pasar -su familia tenía medios económicos- para ocuparse de los enfermos víctimas de la peste. Era  tal su interés y entrega, que Dios lo escuchaba: con su oración y la señal de la cruz trazada sobre la frente de los enfermos lograba que algunos se sanaran. Cuando se ama se está dispuesto al sufrimiento, los egoístas no saben amar; San Roque amaba mucho y no le importó sufrir el contagio de la peste”.