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Las religiosas desarrollarán su misión en ese pequeño pueblo y en unos 25 parajes alrededor del mismo; los parajes están constituidos en la mayoría de los casos por las escuelas de campo a las que asisten niños de familias rurales que viven en esa zona boscosa, y son el sitio de reunión de las familias.

Las religiosas además de la tarea propiamente religiosa de la que se harán cargo, desarrollarán una amplia tarea social y educativa, atendiendo un pequeño comedor comunitario dirigido a niños, y visitando familias en ese amplio territorio. Las necesidades son muchas en el lugar, prevén priorizar a los niños y a las madres, en especial a las más jóvenes.

Buena parte de la población son aborígenes de la etnia Wichí y otro tanto son criollos que se radicaron hace décadas en el lugar. Uno de los desafíos principales consiste el ser una de las zonas más incomunicadas, con largas distancias, precariedad de caminos y la falta de medios de trasporte hacia otras poblaciones. La mayoría carecen de recursos básicos como la energía eléctrica, muchas veces el agua y la facilidad de atención ante problemas de salud.

Monseñor Barbaro, pidió a todos en Comandancia Frías rezar por las Hermanas y colaborar en las distintas actividades que realizarán tanto en el pueblo como en los parajes. Puntualizó que “las necesidades son muchas y exigen el esfuerzo de todos. En este año de la Misericordia la presencia de las Hermanas acá es un gran regalo. Con la colaboración de todos ayudarán a tantas familias a tener una vida más digna, a cultiven valores, a abrirles posibilidades, y principalmente a crecer en el conocimiento y en el amor de Dios”.

El Obispo se detuvo también en la localidad de Fuerte Esperanza, celebró la Santa Misa y se reunió con mucha gente en El Sauzalito y en Misión Nueva Pompeya. En este último pueblo impartió Confirmaciones y tuvo una larga reunión con un grupo de aborígenes. 

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