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En la madrugada del domingo, las mismas mujeres que habían acompañado a Cristo en su Pasión decidieron visitar el sepulcro de Jesús. Llenas de susto, contemplaron la visión de un Angel que corrió la pesada piedra que cerraba la sepultura. Le oyeron decir: No tengan miedo, sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, ha resucitado como ya lo había dicho.

 

El Domingo de Ramos abre La Semana Santa. Nos disponemos a revivir en los próximos días grandes misterios de nuestra fe: la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

Jesucristo se dirige a Jerusalén. Antes de entrar en la ciudad se detuvo en lo alto de un monte y lloró. Lloró por el rechazo de Dios que debería ser el centro de nuestras vidas. Lloró por los pecados que nos alejan de Dios, nos corrompen y dañan la misma convivencia humana; pensemos en el orgullo, el egoísmo, la envidia y tantos otros vicios.


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