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20160801 124544¡Qué paz, qué fuerza en nuestra debilidad, que seguridad nos da la Misericordia de Dios, a nosotros sacerdotes acá reunidos en torno al altar!

Somos ministros de Cristo a pesar de nuestras limitaciones humanas y espirituales, y tantas veces experimentamos no estar a la altura de lo que Cristo espera de cada uno.

Qué experimentarían aquellos primeros discípulos llamados a ser columnas de la Iglesia al advertir la desproporción entre lo que cada uno era y Cristo que los eligió para continuar su obra en la tierra. Tal vez en un primer momento presumieron un poco de sus cualidades, pero no serían santos sin una humildad probada. San Marcos recoge la predicación de San Pedro: salen todos sus errores, los contaba. San Pablo decía de sí mismo ser como un abortivo.

100 4284Queridos fieles, con gran alegría acompañamos al diácono Ricardo que dentro de unos instantes será sacerdote, es decir llamado, consagrado e identificado con Cristo Sacerdote, enviado. Fue tomado de entre los hombres para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios (Hebr. 5, 1).

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