:

20160801 124544¡Qué paz, qué fuerza en nuestra debilidad, que seguridad nos da la Misericordia de Dios, a nosotros sacerdotes acá reunidos en torno al altar!

Somos ministros de Cristo a pesar de nuestras limitaciones humanas y espirituales, y tantas veces experimentamos no estar a la altura de lo que Cristo espera de cada uno.

Qué experimentarían aquellos primeros discípulos llamados a ser columnas de la Iglesia al advertir la desproporción entre lo que cada uno era y Cristo que los eligió para continuar su obra en la tierra. Tal vez en un primer momento presumieron un poco de sus cualidades, pero no serían santos sin una humildad probada. San Marcos recoge la predicación de San Pedro: salen todos sus errores, los contaba. San Pablo decía de sí mismo ser como un abortivo.

IMG 20160321 WA0027Jesucristo mostró continuamente el rostro Misericordioso de Dios. Ya resucitado sigue mostrando esa Misericordia Infinita de muchos modos, también a través de los discípulos que dejó en la tierra. Nos lo dice la primera Lectura de los Hechos que escuchamos: los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo.  La gente hablaba bien de ellos, eran evidentemente ejemplares; crecía el número de los que creían en el Señor. Esos discípulos eran hombres de una fe grande; tenían limitaciones como las tenemos nosotros, pero seguían a Jesús de todo corazón, eran rectos, se esforzaban en ser santos. Cristo podía obrar prodigios a través de estos hombres. ES impresionante lo que acabamos de oír: gente incluso de otros pueblos traía enfermos y los sacaban a la calle para que la sombra de San Pedro los tocara y entonces quedaban sanados de sus enfermedades. Impresionante lo que hacía Jesús a través de la fe y la santidad de Pedro.


colabora hoy