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En Señor ha seguido desde entonces obrando prodigios a través de hombres y mujeres con mucha fe. Tenían limitaciones, pero que se esforzaban por ser santos de verdad. ¿Y qué prodigios obraron? Transmito una idea de San Agustín: en aquellos primeros momentos del cristianismo hacían falta esos hechos llamativos de curaciones, y aunque también suceden ahora no bastan los abundantes testimonios que tenemos; además se dan otros milagros gracias a la fe de los santos y que son más impresionantes: conversiones, que se acerquen a Dios quienes están lejos.

La Misericordia Infinita de Dios no abandona al que está lejos, al pecador como nosotros, al que se enfrió en la fe o parece haberla perdido. Lo busca, sale a su encuentro. Y quiere hacerlo ahora a través de nosotros; quiere cubrirlos con la sombra de nuestra vida alegre de hombres y mujeres de fe, moverlos con nuestro consejo lleno de humidad porque Jesús es quien habla a los corazones y a nosotros también nos cuesta vivir la fe, y peores cosas haríamos si Jesús no nos sostuviera.

Me pregunto, ¿no son signos y prodigios los que se obraron hoy? Hemos avivado nuestra Fe. Tal vez algún joven, alguna joven, invitó a alguien frío en la Fe a caminar, y como los diez leprosos del Evangelio que quedaron curados mientras caminaban, se les encendió la fe, el deseo de vivir por Cristo porque otra cosa no vale la pena,  con Cristo y en Cristo porque ahí está la seguridad y la verdadera felicidad. Quizás alguna señora trajo al marido, a algún vecino o pariente a rezar a Jesús Misericordioso en este día; tal vez estaban también lejos y Jesús los atrajo con su mirada; movió su corazón, se convirtieron, se confesaron y alegres esperan recibir a Jesús Sacramentado dentro de un momento.

Hay mucha crueldad en el mundo, mucho egoísmo, mucha violencia; cuántos hombres y mujeres sin ningún ideal que valga la pena, esclavos de sus pasiones desordenadas. Nos acostumbramos a la mentira, a la infidelidad y a contemplar tantas miserias que no solo no son cristianas, sino que no son humanas. El Señor necesita nuestra fe más viva, es el antídoto ante un mundo con una fe pobre. El Señor necesita que nuestro ideal sea el de ser santos de verdad, o sea dejar a Dios que impregne nuestra vida; Cristo está a nuestro lado, nos ayuda, nos empuja, sale continuamente a nuestro encuentro.

Nos lo muestra el Evangelio de hoy. En el día de la Resurrección Cristo se apareció a unas cuántas personas, sin embargo a los Apóstoles les costaba creer. Al final del día se apreció a 10 de los Apóstoles, Tomás no estaba con ellos. Los saludó con cariño, ellos se llenan de alegría, les mostró las heridas para que se dieran cuenta que era Él, Cristo, que está vivo, que no era un fantasma o tenían una alucinación colectiva. Y no les dijo: todos Uds. son unos inservibles porque me traicionaron; les deseó la paz, y les dijo como el Padre me envió, Yo también los envío a Uds. Es como si les dijera, no estoy enojado con Uds., no los descarto, los comprendo, me apoyo en Uds., sigo confiando en cada uno a pesar de que fueron cobardes e infieles. ¿Ves? Se apoya en vos, se apoya en mí a pesar de nuestra miseria, solo tenemos que ser humildes,  volver a Cristo una vez y otra, y dejarlo actuar en nuestra vida.

ES importante que destaquemos lo que Jesús le dijo el día de la Resurrección: Reciban el Espíritu Santo, los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan. Es como si les dijera: ya sé que Uds. y los demás seres humanos son limitados, tienen miserias; acá está el remedio que ofrece mi Infinita Misericordia: el perdón de los pecados, un perdón que purifica por completo, que sana el alma, que la fortalece. Recuerdo ahora cuando el 1° de febrero pude ver al Papa Francisco; cuando le agradecí el Jubileo de la Misericordia con una expresión muy suya levantó los brazos y dijo, la Confesión, la Confesión. Después preguntó cuántas puertas de la Misericordia había abierto y le hablé de este Santuario, le gustó. Cuidemos la Confesión como quiere el Santo Padre en este Año Jubilar; y cuidarla supone acercarse preparados (si no acercarse y los ayudamos)  y con frecuencia. Aprovechemos a ganar muchas veces la Indulgencia, hoy muchos hemos venido con esa ilusión; qué suerte los de Tres Isletas que tienen tan a mano la posibilidad.

El relato del Evangelio de hoy sigue con lo que sucedió a la semana siguiente de la Pascua, es decir un día como hoy. Volvió a aparecerse Jesús a los Apóstoles y esta vez sí estaba Tomás, quien no creía que Jesús hubiera resucitado a pesar de los testimonios del resto de los Apóstoles y de tantos otros. Jesús lo trata con cariño, lo invita a tocar las heridas de sus manos y de sus pies, la de su costado abierto por la lanza. No lo rechaza, lo anima, lo invita a la fe, y hace una alusión clara a todos nosotros que vinimos después y estamos hoy acá: Felices los que creen sin haber visto.

No vemos a Jesús como lo vio el Apóstol Tomás, pero tenemos fe en que es Dios  hecho Hombre, que murió por nosotros, que resucitó, que ascendió a los Cielos y no solo nos espera, sino que desde el Cielo sigue haciendo prodigios, encendiendo la Fe de todos, la nuestra por ejemplo, dándonos la ayuda que necesitamos para ser santos.

Y para acabar vuelvo a la idea del principio: Cristo quiere apoyarse en nosotros para seguir ejercitando su Misericordia Infinita en este mundo, que muchos encuentren  a Cristo, la alegría de avanzar por el camino de la salvación. Vale la pena empeñar la vida en dejar a Cristo apoyarse en nosotros. Hay muchos jóvenes acá. Cristo actúa pero quiere que Uds. lo dejan meter en sus vidas y que sean instrumentos para que entre en la de tanta otra gente. Sean generosos, vale la pena.

Que la Virgen Santísima nos ayuda a ser hombres y mujeres de mucha fe, bien santos, es lo que hace falta para ser mejores instrumentos. Así sea.

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