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Pasaron muchos siglos desde ese episodio, y Dios sigue llamando. A todos llama a algo, pero quiere apoyarse en hombres concretos para que otros lo conozcan, escuchen su voz y reciban los medios de la Gracia. Pensó en vos Daniel; te fue preparando contando con tus padres en primer lugar, y también con tantos otros: sacerdotes, religiosas, parientes, educadores, catequistas, amigos.En algún momentoempezaste a advertir el llamado al sacerdocio, y fuiste custodiando esa llamita de la vocación, al principiodébilen tu alma.Rezaste, te dejaste guiar y vino el tiempo del Seminario. Ahora recibirás el Diaconado en orden al Presbiterado. Sabésbien que este ministerio supone servicioabnegado, que te habilita para algunos Sacramentos y muy concretamente para predicar en nombre de Cristo.

Tal vez te sientas un poco identificado con Jeremías: no sé hablar, soy demasiado joven. Lo de la juventud es real, pero también es relativo. La madurez no siempre la dan los años, sino la unión con Dios y la fidelidad, el darse día a día a los demás dejando de lado todo lo personal. La receta de la madurezaun siendo joven te la da el Salmo 119 (vs. 100): tengo más discernimiento que los ancianos, porque seguí tus mandatos. No dejes entonces de descubrir en cada circunstancia y de seguir esos mandatos de Dios, y tendrás más sabiduría que los viejos.

En cuanto al saber hablar, no se trata de que digas ‘algo’. Se trata de que dejes a Dios que su Palabra y no la tuya sea la queimpregne la cabeza y el corazón de la gente y los transforme. Muchaspersonas, aún sin darse mucha cuenta, tienen una enorme necesidad de Dios como aquella mujer que apareció a buscar agua al pozo de Sicar donde Jesús estaba sentado y fatigado por le camino. Hay en el ambientebastante confusión en las ideas, desorientación, incertidumbre moral; es trágicoque alguno no acierte en lo que es verdaderamente bueno o malo y lo hará  felizo no en esta vida y en la otra; no acertar supone acabar en costumbres y modos de vivir decadentes que a ninguno pueden dar felicidad ni hacerlo útil a los demás.

Queridos hermanos, la necesidad de llevar a Dios a la vida de los demás es enorme y urgente;no podemos dormirnos, porque -como dice San Pablo (Rom, 10, 14-15)- ¿Cómo invocarán a Aquel enquien no creyeron?  ¿O cómo creerán si no oyeron hablar de Él?Y ¿Y cómo oirán sinalguien que predique? Y ¡cómo predicarán, si no hay enviados. Según está escrito: ‘Qué hermosos los pies de los que anuncia la Buena Noticia’.

Qué hermosos los pasos que van dando quienes anuncian el mensaje de salvación a los demás. Es responsabilidad de todos los cristianos, pero de modo especial de quienes estamos llamadospor el Orden Sagrado a enseñar. Importa que el mensajero esté bien metido en Dios para que Élhable. Nos tranquiliza saber que siempre suple nuestra limitación, nuestra deficiencia, pero sabemos que los Santos fueronquienes más eficazmente ayudaron a la gente a escuchar al Espíritu Santo y a seguirlo. Si el pueblo está más apartado de Dios, es necesario que nosotros estemos más cerca de Dios, sino la tarea podría hacerse más dura y podríamos acabar quejándonos y echando culpas a las circunstancias por la falta de respuesta. No te olvides Daniel que la predicación, la enseñanza de la fe es una tarea sobrenatural. Viene bien entonces tener presente la advertencia de Cristo: De la abundancia del corazón habla la boca (Mt 12, 34); necesitamos los sacerdotes mucha oración con la Palabra de Dios, con las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, del Magisterio, de los santos. Así acertaremos en dar a cada uno el alimento que necesitany Dios pondrá en nuestros labios. Este interés de que los sacerdotes seamos hombres de mucha oración, muy santos, lo recuerda con frecuencia y de diversos modos el Papa Francisco.

La segunda lectura nos ayudó a contemplar la escena del etíope en su carruaje meditando textos de la Biblia que no entendía. Sin duda lo hacía movido por el Espíritu Santo quien también movió al Apóstol Felipe a acercarse y subirse al carruaje para evangelizarlo; le habló quizás un buen rato y acabó bautizándolo. Si Felipe no se hubiera acercado por el motivo que fuera (estaba cansado, le parecía raro el personaje, era un extranjero que hablaría otra lengua) el etíope habría seguido su camino sin ser bautizado. Con el tiempo floreció la fe en Etiopía y tal vez este bautizado, un eunuco con funciones importantes en el Gobierno, facilitó mucho las cosas; ¿habrá intuido Felipe la trascendencia futura de ese acercarse al carruaje?

Tenemos que acercarnos a la gente, buscarla, no podemos quedarnos pasivos, debemos aprovechar todas las ocasiones, sin miedo a gastarnos. Hacerlo, con el sacrificio que haga falta, supone salir al paso de la ausencia o la lejanía de Dios en que están sumidas tantas personas. San Pablo habla con fuerza a Timoteo que era joven; entre las exhortaciones le dice:En la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que va a juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino, te advierto seriamente: predica la palabra, insiste con ocasión y sin ella, reprende, reprocha y exhorta siempre con paciencia y doctrina (2 Tim, 4, 1,2).

Recen queridos fieles por Daniel y por todos los llamados por la vocación al Orden Sagrado para que seamos cada día más santos y más fieles. Nos toca ser de un modo muy necesario la sal de la tierra, la luz del mundo. Si no dejáramos a Dios meterse cada día más en nosotros, acabaríamos siendo sal que perdió sus propiedades, que no preserva de la corrupción, o lámpara que ya no ilumina; el Espíritu Santo seguirá siendo una usina infinitamente potente de luz, pero si el cable que somos sus instrumentos estamos en otra onda o averiados como para transmitir la luzde Cristo a las inteligencias y encender los corazones, se dificultaría la evangelización.

Recen por las vocaciones sacerdotales, son una urgencia prioritaria en esta Diócesis. Necesitamos muchos más sacerdotes para que la Palabra de Dios llegue a todos los rincones con la autoridad que da el Sacramento del Orden, para que los Sacramentos, canales de la Gracia, puedan alimentar la vida espiritual de las multitudes que habitan en este enorme territorio, para que la Iglesia esté presente en la persona de sus ministros llevando el amor de Dios a todas las personas. Que el Señor mueva los corazones de muchos jóvenes; que como Jeremías se dejen llevar, que Dios -si son fieles- los hará eficaces instrumentos en sus manos y muy felices. En el Año de la Misericordia, no deja de ser un regalo de la Misericordia de Dios un ministro más para su Iglesia, y le pedimos con mucha fe la Misericordia de más obreros para su cosecha(Mt 9, 38).

Daniel, que el Señor esté siempre en tus labios, en tu corazón y en todas tus obras; que te confíes siempre en la mejor de las guías, Nuestra Madre la Santísima Virgen María. Que así sea.

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