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Tal vez alguno se pregunte, ¿por qué celebramos con tanta fiesta el día de la Concepción de la Virgen, incluso con más solemnidad que el día de su nacimiento el 8 d septiembre? Voy a tratar de explicarlo.

Algunos de Uds. trabajan en el campo, y tal vez en el verano antes de que salga el sol ya están levantados para aprovechar el fresco que hay más temprano. Es lindo ver cuando empieza a clarear, y parece como si todo empezara a tener vida: los pájaros cantan, los animales parecen revivir, hasta las vegetación parece más viva y todo adquiere color con la luz del sol; en la oscuridad todo es gris.

El mundo antes de la Inmaculada Concepción de la Virgen estaba a obscuras, alejado de Dios. Los hombres y mujeres vivían bastante gobernados por sus pasiones desordenadas, sin una orientación en la cabeza para razonar con acierto sobre lo que es bueno o malo para cada uno y para el mundo, dominados por las tentaciones que el diablo no dejaba y no deja de meter. Ahora también tenemos tentaciones y nos cuesta dominar las pasiones, pero podemos recibir a Dios en el Bautismo y tenerlo dentro, recuperar a Dios al confesar nuestros pecados, y recibir a Cristo como alimento en la Eucaristía y llenarnos de Dios. Entonces no tenían todo esto porque Cristo no había llegado al mundo.

Con la Inmaculada Concepción de María se encendió una luz en el mundo, como esa luz suave antes del amanecer.  Empezó a existir la que iba a ser Madre de Jesucristo, Dios hecho hombre, luz del mundo, que murió por nosotros en la Cruz. Y con la Muerte y Resurrección de Cristo se encendió una gran luz.

Qué linda es nuestra fe. No terminamos de valorar lo que tenemos: a Dios que se nos acerca tanto, tanto que se hace hombre. Que nos quiere tanto que se entrega por completo por nosotros hasta morir en la Cruz. Y lo hizo para que vos y yo podamos vivir la vida de Dios, para que con su ayuda podamos salir de la oscuridad del pecado, de la ausencia de Dios en nuestras vidas.

¿Y cómo empezó todo esto? Por la Inmaculada Concepción, por esta vida que empezó en el vientre de Santa Ana, la de la Santísima Virgen María. El Evangelio que acabamos de escuchar es el relato del momento en que el Angel le anunció a la Virgen que iba a ser nada menos que la Madre de Dios. El resto de la vida de la Virgen fue decirle siempre que sí a Dios en todo, con sacrificio, con entrega, hasta el extremo de entregar a Cristo estando Ella firme junto a la Cruz.

Les propongo que pidamos una cosa a la Virgen: que aprovechemos muy bien esa luz de Dios que se encendió en el mundo, la luz que Ella trajo que es Jesucristo. Que no retrasen el Bautismo de los niños para que cuanto antes tengan esa vida de Dios, esa luz de Dios dentro; que lindo que cuando una mamá o un papá tiene en brazos a un niño/a sepan que tiene dentro el tesoro de la vida de Dios que ellos tienen que custodiar.

Que aprovechemos la luz de Dios que nos llega por los Sacramentos, la Confesión por ej. que necesitamos para recuperar la vida de Dios que por debilidad podemos perder por los pecados. Y que no nos perdamos el tesoro de la Eucaristía, de Cristo que se nos da como alimento. Quien no está bien preparado para recibirlo podrá aprovechar la Misa que es un regalo grande, y recibir espiritualmente a Cristo, es decir con el deseo que ya vale mucho y es una excelente preparación.

Cómo nos ayuda la Virgen a mejorar en todo, a ser mejor hijos de Dios, a ser buenos servidores de los demás que tenemos que hacer nuestro aporte para que la familia, los barrios y todo mejore. Y a esto nos ayuda la Virgen que nos lleva por el camino de ganarnos el Cielo para toda la eternidad.  

En la Capilla Sixtina, que más que una capilla es una Iglesia enorme, es donde eligen a los Papas. Ahí eligieron los Cardenales al Papa Francisco en el 2013. En el retablo hay una pintura enorme, llena de figuras y colores. Representa el Juicio Final. Se ve a Jesucristo al medio como Juez, y gente que sube feliz al Cielo. Se ve que otros caen en el Infierno con cara de desesperación y amargura. En el medio se ve a la Virgen Santísima, sosteniendo un gran rosario como si estuviera pescando a algunos para que no caigan en el Infierno; se los ve agarrados del rosario y la Virgen los está subiendo. Son las personas pecadoras y débiles como nosotros, que se agarraron en esta vida de la Virgen, se acercaban a Ella como nosotros hoy a la Laguna, tenían imágenes suyas, le rezaban oraciones, se agarraban del Rosario. Esa pintura muestra como la Virgen no permite que caigan en el Infierno los que como nosotros la querían tanto en esta vida. Tenemos que portarnos bien, pero si rezamos a la Virgen, vamos por buen camino, nos ayuda a portarnos como buenos hijos de Dios y nos mete en el Cielo.

Tenemos que ser amigos de la Virgen, muy amigos dela Virgen María. Hay tantos problemas por ej. en las familias, en los barrios, por todas partes. Por qué no probamos a rezar más a la Virgen. Hace unos días me contó un muchacho que estaba desesperado por una situación grave; rezó mucho rato, de rodillas delante de una imagen de la Virgen, con mucha fe, y me decía: nunca me falla, las cosas se arreglaron. 

 Pedirle muchas cosas, pero estar mucho con Ella como los hijos con su mamá cuando no tienen nada que pedir.

Nosotros sí tenemos mucho que pedir, por nosotros y por los demás, por las familias, por nuestro país, por todo el mundo, y de modo particular por el Papa Francisco que siempre pide una limosna de oración.

Y le decimos a nuestro Padre Dios, gracias Señor por habernos dado una Madre tan buena, la Virgen Santísima. Y a Cristo: es tu Madre Jesús, enseñanos a quererla más, a apoyarnos más en Ella, a tenerla presente todo el día. Que así sea.    

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