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La prolongación de la cuarentena complica el normal desarrollo de nuestra pastoral. No sabemos cómo va a seguir esto, estamos en las manos de Dios, Él cuenta con nuestra oración y nuestro esfuerzo conforme al que las circunstancias nos permiten, sabemos que Nuestro Señor pondrá el incremento. Por lo pronto, pidamos luces a Dios y sigamos avivando la creatividad pastoral, y demos gracias por la respuesta que encontramos en la gente.

Celebraremos hoy la institución de la Eucaristía que es el centro de nuestra vida sacerdotal. Celebraremos para nuestros fieles, aún sin su presencia física, y celebraremos por los fieles. Estaremos haciendo así lo más importante que puede hacer un sacerdote por la Iglesia y por sus feligreses: celebrar la Santa Misa que tiene un valor enorme aunque no haya público presente. Igualmente, donde sea posible, mucha gente podrá aprovechar la celebración siguiéndola por los medios de comunicación.

De distintos modos el Papa está diciendo que todo el drama que mundialmente se vive podrá aportar a un proceso de conversión en mucha gente. Gracias a Dios la situación no está casi golpeando de cerca en nuestro territorio, pidamos a Dios que no golpee; pero lo que acontece en tantos sitios invita a pensar, lo mismo el aislamiento que sufrimos y sus consecuencias. El Señor querrá que acompañemos ese proceso de conversión y nos debe encontrar espiritualmente bien preparados para secundar al Espíritu Santo sin llegar tarde a las oportunidades que se presenten en las personas.

Los animo a cuidar mucho la oración porque es muy necesaria en estas circunstancias; contribuye a alcanzar la Gracia de Dios para que esta adversidad acabe, también para lograr mirar las circunstancias con sentido sobrenatural, mantener la paz y poder dar paz.

Posiblemente nos vayan llegando cada vez más problemáticas como resultado de la situación que se vive: desaliento, tristezas, ansiedad, depresión; pérdidas nocivas de tiempo, problemas de convivencia; sufrimientos por falta de dinero o de trabajo, y por tantos otros motivos. Mucha gente está ya desconcertada y desorientada, los más pobres y los que tienen más medios. No estará en nuestras manos resolver muchos de esas dificultades, pero sí podremos aportar contención cristiana, enseñar a la gente a apoyarse más en Dios al mismo tiempo que ponen los medios humanos posibles.

Unidos al Papa sabremos ayudar a la gente a razonar de modo solidario y generoso. En estas crisis queda de manifiesto la grandeza de corazón y de servicio de mucha gente, pero también el egoísmo y la mezquindad de otros. Vemos como se entregan hasta dar la vida tantos agentes sanitarios y otras personas sirviendo a los demás, pero también la triste reacción de otros. La generosidad de unos, y el aprovechamiento a beneficio personal que hacen otros de la situación de emergencia. Son ocasiones no para sumarnos a la crítica, sino para enseñar en la realidad personal y ajena cuál es el camino del seguimiento de Cristo. 

El cuidado del ámbito humano influye mucho en el ámbito espiritual. El aislamiento supone un cambio que puede propiciar la dejadez o el desorden; si gana espacio en lo externo corremos el peligro de caer en dejadez y en desorden en nuestra relación con Dios, con consecuencias negativas en la vida espiritual y en la consiguiente vibración pastoral.

Cuidar el ámbito humano supone cuidar la limpieza de la casa, los detalles de orden, el lavado frecuente y el planchado de la ropa, comer de modo ordenado y sano, tener un horario claro que privilegie un espacio generoso de oración, un tiempo previsto dentro de lo posible para la pastoral, que la atención de gente no derive en conversaciones innecesarias y a deshora por el teléfono y/o a través de las redes sociales. Conviene prever espacios para la lectura y el estudió de temas que interesen a nuestra formación también pastoral. Solemos tener poco tiempo para la lectura y el estudio; es de mucho provecho la catequesis del Papa en los momentos que vivimos. El encerramiento puede propiciar pérdidas de tiempo con la televisión o las redes sociales con un impacto fuertemente negativo en nuestra vida personal y sacerdotal. Ruego a cada uno prestar especial atención a todo esto, y ayudar en la medida que les sea posible a los hermanos sacerdotes. Insisto: el ocio, la dejadez y el desorden hacen mucho mal.

En la Última Cena, entre tanta riqueza de enseñanzas, el Señor destacó la unidad que debía ser como la que existe entre el Padre y el Hijo. Recemos por esa unidad en la Iglesia y entre nosotros. Destaco la importancia que tienen las manifestaciones de cariño, servicio y unidad con nuestros hermanos sacerdotes en estos momentos. Las circunstancias se hacen duras, a todos nos cuesta vivir aislados y los modos pastorales que intentamos. Recemos unos por otros y tengamos también iniciativas para celebrar con cercanía el Jueves Santo o la Pascua, para interesarnos por nuestro hermano sacerdote o compartir alegrías con una llamada o un mensaje: el amor es siempre creativo. 

 Nos apena a todos la celebración del triduo Pascual con la Iglesia vacía, la no atención de confesiones, de enfermos y tantas cosas más. Nos alegra hacer la Voluntad de Dios que nos pide ser pastores en estas circunstancias, rezando por los fieles, y haciendo todo lo que esté a nuestro alcance.

Procuro estar cerca de cada uno con la oración, con estas cartas o audios; además, de vez en cuando hablamos por teléfono o intercambiamos un mensaje. Quienes están estudiando en el extranjero están bien, sólo Juan estuvo una semana larga con síntomas del coronavirus, pero gracias a Dios está bien; en su momento no quiso que se comente su afección para no alarmar. Están sufriendo todos por fuerte aislamiento que se prolonga mucho, las circunstancias duras en esas ciudades, la incertidumbre del futuro. Gracias a Dios continúan sus estudios por medios a distancia.

Feliz día del sacerdote y de la Eucaristía, y me adelanto a desearles una feliz Pascua, que será feliz porque estamos en las manos de Dios y queremos serle fiel.

Junto a mi bendición envío a cada uno un fuerte abrazo.

 

+ Hugo Nicolás Barbaro

Obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña

Chaco – Argentina

 


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