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Hemos escuchado a San Pablo que afirma: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: ‘Esto es mi Cuerpo, que es entregado por Ustedes. Hagan esto en memoria mía’. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo ‘Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía’.

¿No es este un modo impresionante de cercanía y de amor de Jesús hacia nosotros? No se nos acerca solo de modo espiritual, como tantas personas que están cerca nuestro con su cariño, con el recuerdo, o con un detalle de atención aún a la distancia. Les mostró el pan y dijo: Esto es mi Cuerpo. Y al mostrarles el vino les dijo: Esta es mi Sangre. Se trata de un milagro que Jesús repite en cada Misa a través de los sacerdotes, porque quien vuelve a decir esas palabras es Él.

Siendo Dios nos amó y nos sigue amando de una manera sorprendente, con ese modo milagroso de estar presente. Le pedimos al Señor en este día que aumente nuestra fe en Jesús Sacramentado. Además, no sólo se queda cerca, como en los Sagrarios de las Iglesias para que nos acerquemos nosotros a rezar. Se acerca de un modo más impresionante, se hace alimento para nuestra vida espiritual, lo podemos recibir en la Hostia consagrada.

Pensemos, queridos hermanos, en cómo valoramos la Eucaristía. Tal vez muchos de los que están siguiendo esta Santa Misa desde sus hogares estén pensando en este momento: ‘Padre, no sabe cuánto me cuesta no poder recibir hoy a Jesús Sacramentado, cuánto voy a extrañar no poder ir un ratito a rezar en ese Sagrario especial donde se guarda a Jesús para que lo adoremos el Jueves Santo’.

El aislamiento que les impide recibir hoy la Eucaristía podrá ayudarlos a valorar más ese alimento espiritual. Añado una consideración: cuando lo recibimos, Jesús no se transforma como la comida en carne nuestra; es al revés, Cristo nos hace suyos, nos transforma, nos cambia, nos endiosa.

Está avanzado el proceso para hacer santo a un chico italiano que murió con 15 años, Carlo Acutis. Era un chico normal, deportista, con una vida sorprendente por sus virtudes: alegre, buen hijo, buen compañero, solidario, preocupado por los demás y en especial por los más pobres. Su mamá, quien gracias al chico se fue acercando a Dios, comentó que destacó por su adolescencia; se notaba que siendo muy normal no caía en las debilidades propias de esa edad. ¿Qué hizo?: cuando tenía 8 años, después de la 1ª Comunión, se le ocurrió ir a Misa y recibir la Eucaristía todos los días. Evidentemente Cristo transformó su modo de pensar, su comportamiento, su relación con Dios y con los demás, lo fortaleció en el bien y lo llevó por un camino feliz.

Lo que hizo este muchacho es buen ejemplo para los adolescentes y para jóvenes. Busquen Uds. también en la Eucaristía las luces de Dios y su fortaleza para ser muy buenos y para hacer muchas cosas buenas. Quizás a algunos los quiera llevar Dios por un camino vocacional de servicio a los demás, hoy también celebramos la institución del sacerdocio. Pero de todos Uds., queridos jóvenes, Dios espera mucho, tienen que sentirse llamados a construir un mundo mejor; el camino para lograrlo es que sean muy buenos amigos de Cristo, y la Eucaristía es el mejor de los caminos porque ahí está el mismo Cristo.

Para los padres, primeros educadores de los hijos, el ejemplo de este chico eucarístico es muy bueno; también Uds. deben perseverar en la devoción eucarística, y ayudar a los hijos a ir por ese camino, en primer lugar con el ejemplo.

En la misma Liturgia se nos dice que la Eucaristía es prenda de la vida eterna. ¿Qué quiere decir? Que Jesús Eucaristía es una garantía de que nos vamos a ganar el Cielo; evidentemente hay que portarse bien, confesarse, rezar, pero es interesante contar con esa seguridad que nos da la Comunión Sacramental a pesar de nuestras debilidades.

Muchas veces también conté, y es bueno recordarlo, algo que leí en un libro de espiritualidad (no me pregunten el autor porque pasó mucho tiempo y no me acuerdo). Un sacerdote le preguntó a su mamá, ella estaba cerca de la muerte, si pensaba que Jesús la recibiría ni bien dejara este mundo. Le mamá le respondió: ‘hijo mío, llevo tantos años recibiendo a Jesús cada día, ¿cómo no me va a recibir Él ahora que estoy por dejar esta tierra?’ Qué fe la de esta mujer.

Queridos fieles, vamos a pedir al Señor que este día de la Institución de la Eucaristía, vivida como la están viviendo Uds., aislados y sin poder recibir al Señor Sacramentalmente, sea un antes y un después en nuestra devoción eucarística. Que hoy conceda a todos el Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, ser hombres y mujeres verdaderamente eucarísticos, que aman de verdad esta cercanía impresionando que quiere tener Jesús con nosotros al hacerse alimento nuestro y al quedarse en los Sagrarios de los Templos.

Que así sea


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